Quiero compartir aquí este cuento que podría decir que casi me sé de memoria de tantas veces que lo he trabajado con mis grupos de niñas y niños, también con adolescentes y por supuesto a veces también con personas adultas 😉 Yo lo conocí gracias a un compañero cuando comencé mi camino en el intenso y mágico mundo de la educación, ¡en 2006!
Creo que es un cuento que nos hace tomar conciencia sobre el funcionamiento de los grupos (a veces tan falto de mimo y tan «torpe» ) y de la necesidad e importancia de cooperar, trabajar en equipo. Habitamos una sociedad muy individualista que genera además mucha competitividad, lo que nos hace mella en nuestras autoestimas y en nuestros vínculos, por esto se me hace esencial educar a los niños y adolescentes (y recordar a los adultos) que todos sómos válidos, y que la comunicación y el respeto para con los otros han de cuidarse, que la convivencia armónica la construimos todos los días…
EL CUENTO DE LAS HERRAMIENTAS
En un pequeño pueblo, existía una diminuta carpintería famosa por los muebles que allí se fabricaban. Cierto día las herramientas decidieron reunirse en asamblea para dirimir sus diferencias. Una vez estuvieron todas reunidas, el martillo, en su calidad de presidente tomó la palabra.
-Queridos compañeros, ya estamos constituidos en asamblea. ¿Cuál es el problema? -Tienes que dimitir- exclamaron muchas voces.
-¿Cuál es la razón? – inquirió el martillo.
-¡Haces demasiado ruido!- se oyó al fondo de la sala, al tiempo que las demás afirmaban con sus gestos.
-Además -agregó otra herramienta-, te pasas el día golpeando todo.
El martillo se sintió triste y frustrado.
-Está bien, me iré si eso es lo que queréis. ¿Quién se propone como presidente?
– ¡Yo! – se autoproclamó el tornillo
-De eso nada -gritaron varias herramientas-. Sólo sirves si das muchas vueltas y eso nos retrasa todo.
-Seré yo -exclamó la lija-
– ¡Jamás!-protestó la mayoría-. Eres muy áspera y siempre tienes fricciones con los demás.
– ¡Yo seré el próximo presidente! -anunció el metro.
-De ninguna manera, te pasas el día midiendo a los demás como si tus medidas fueran las únicas válidas – dijo una pequeña herramienta.
En esa discusión estaban enfrascados cuando entró el carpintero y se puso a trabajar. Utilizó todas y cada una de las herramientas en el momento oportuno. Después de unas horas de trabajo, los trozos de madera apilados en el suelo fueron convertidos en un precioso mueble listo para entregar al cliente. El carpintero se levantó, observó el mueble y sonrió al ver lo bien que había quedado. Se quitó el delantal de trabajo y salió de la carpintería.
De inmediato la asamblea volvió a reunirse y el alicate tomó la palabra:
“Queridos compañeros, es evidente que todos tenemos defectos, pero acabamos de ver que nuestras cualidades hacen posible que se puedan hacer muebles tan maravillosos como éste”.
Las herramientas se miraron unas a otras sin decir nada y el alicate continuó:
“Son nuestras cualidades y no nuestros defectos las que nos hacen valiosas. El martillo es fuerte y eso nos hace unir muchas piezas. El tornillo también une y da fuerza allí donde no actúa el martillo. La lija lima aquello que es áspero y pule la superficie. El metro es preciso y exacto, nos permite no equivocar las medidas que nos han encargado. Y así podría continuar con cada una de vosotras.”
Después de aquellas palabras todas las herramientas se dieron cuenta que sólo el trabajo en equipo les hacía realmente útiles y que debían de fijarse en las virtudes de cada una para conseguir el éxito.
Y colorín colorado… 😉