Con todos los incendios que están asolando nuestro país en las últimas semanas, también el país vecino, es comprensible que la mayoría estemos aún entre el shock y la angustia. Las personas que se han visto afectadas directamente estarán atravesando un proceso más complejo, lógicamente. En estas breves líneas quiero aportar mi granito de arena como psicóloga y hablar sobre algunas de las emociones intensas que producen las catástrofes, así como algunas propuestas para aliviar el malestar y canalizarlo adecuadamente:
Shock y miedo: es una primera respuesta que vivimos al conocer esta noticia, es muy lógica dado que es realmente impactante asistir a esta situación y si estamos afectados emocionalmente, aunque no seamos víctimas directas, es señal de que estamos conectados con nuestra realidad.
Rabia: es normal conectar con la rabia que nos produce y con la sensación de injusticia y de impotencia ante la gravedad de los incendios; sin embargo, canalizar adecuadamente este enfado sí está en nuestra mano. Vemos como muchas publicaciones en redes y declaraciones son hechas desde esta gran irritación con la manera de gestionar o prevenir estos incendios, lo que es comprensible como respuesta emocional, pero racionalmente antes de publicar pensemos en si es el mejor momento y la manera, y si realmente nos está ayudando llenar las redes sociales de mensajes de ira, odio, o incluso de manera impulsiva llegar a publicar informaciones que no sabemos si son o no fake.
La tristeza, por supuesto que está ahí: empatizamos con todas aquellas personas que han perdido sus pueblos, sus casas y los esfuerzos con los que lograron levantarlas, muchos de sus recuerdos, a fin de cuentas. Es realmente desolador. También vivimos el duelo por la naturaleza, por esa sierra, esos bosques, esos animales que vivían con nosotros y por quienes apenas hemos podido hacer mucho para salvarlos. Es lógico que, durante unos días, sintamos pena, impotencia y dolor por esta pérdida tan grande y que al mirar el devastador paisaje que ha quedado necesitemos llorar y expresar la tristeza que sentimos.
Empatía y deseo de ayudar: la respuesta solidaria es una muestra extraordinaria de nuestra capacidad para ponernos en el lugar de los demás y de nuestros valores humanos, pero al mismo tiempo si queremos ser útiles tenemos que entender que estas acciones solidarias deben ser adecuadas y guiadas por unos cauces que logren utilidad real. Por ello será mejor reflexionar antes de actuar y consultar con las entidades o personas que coordinen en cada caso estas acciones de apoyo.
Y, claro que estamos sintiendo también una enorme gratitud, por todas aquellas personas que voluntarias o profesionales, están dejándose la piel en hacer la tragedia algo menos trágica, evitar daños y aliviar el dolor de lo que esta pérdida supone. Gracias como siempre por el esfuerzo, la entrega, sin olvidar que son personas y no héroes, personas que hacen su trabajo y a las que debemos asegurar que trabajen en las condiciones de dignidad que requieren.
Y, por último, para ir encaminando la recuperación recomiendo abundar en la reflexión, la prudencia, la prevención, el autocuidado y el cuidado mutuo, la serenidad y el aprendizaje significativo para el futuro.
Fuerza a todas las víctimas y personas afectadas.
Carmen del Castillo. Julio 2026